“Las políticas agrarias han sido nefastas para el campo y los pueblos”

Patricia Simón (El Maderal, Zamora)

La agroindustria es la mayor emisora de gases de invernadero y, por tanto, la principal causante del cambio climático. A la vez la mayoría de los gobiernos de los países ricos crean comisiones para enfrentarse al mayor reto que encara la humanidad, dictan políticas encaminadas a la concentración de la producción de los alimentos.

Las mujeres y hombres de la Vía Campesina, el movimiento mundial pequeños agricultores y productores, mujeres rurales, pueblos indígenas y labradores sin tierra, llevan denunciándolo desde 1992. Con una labor de hormiguitas, han conseguido situar la soberanía alimentaria como un derecho básico de los pueblos a producir sus propios alimentos y fue precisamente en un encuentro con mujeres indígenas latinoamericanas de esta alianza con las que Ana María Benito Zúñiga descubrió que su querencia por su tierra zamorana –que era interpretado como un anacronismo por algunas personas de su entorno– enlazaba con una tradición histórica que pone la generosidad de la naturaleza en el centro de la vida, y desde ésta, se construye el resto de las relaciones sociales, políticas y culturales. Los ritos de agradecimiento a la naturaleza que hacían las mujeres de la Asociación de Mujeres del Mundo Rural de Castilla León (CERES) cobraron aún más sentido al comprobar cómo esas mujeres llegadas del otro lado del Atlántico empezaban sus reuniones depositando semillas traídas de su tierra sobre el estrado.

Marta Rivera, integrante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), resume en un artículo publicado en la revista Soberanía Alimentaria las conclusiones de su último informe, publicado en 2014, sobre los impactos del cambio climático sobre las poblaciones y ecosistemas. Las sempiternas pendientes reformas agrarias –aunque el informe no emplee ese concepto– aparecen como una vía fundamental para asegurar el acceso a los recursos a las poblaciones más vulnerables, las más expuestas a sus consecuencias. Pero al contrario de cualquier lógica que no sea la de los voraces mercados, la concentración de las tierras en cada vez menos propietarios es apabullante. También aquí en Zamora. “En pocos años, las tierras de El Maderal van a estar en manos tres o cuatro agricultores”, lamenta Ana María sentada en la mesa camilla de la casa donde vive con su hijo menor y sus padres en este pueblo zamorano donde hay 220 habitantes censados.

Ana María en su huerta (Patricia Simón)

Ana María en su huerta (Patricia Simón)

Hija de labradores, Ana María ha conocido muchas otras dedicaciones y ciudades antes de volver a su pueblo natal. Coruña, Madrid, Barcelona. Crianza de sus hijos, ganadera de toros de lidia, cartera, camarera. Y cuanto más conocía la vida en la ciudad, más quería volver a la huerta que la había visto nacer. “Yo respeto mucho a la gente que le gusta vivir en Madrid, pero esa vida no es para mí. Levantarte a las cinco de la mañana para coger un autobús, dos metros, hasta llegar a tu puesto de trabajo a dos horas de casa. No tener alguien de confianza con quien dejar tu hijo cuando enferma y tener que pagarle a un extraño lo que no ganas. No quería esa vida para mi hijo que, aunque se adapta a todo, lo veía mucho más triste que cuando estaba en el pueblo, jugando en la calle, libre”. Ana María atraviesa el pueblo saludando a sus habitantes, aunque no todo es un camino de rosas en una población tan pequeña. Menos cuando te metes en política -fue concejala del PSOE en la oposición- e intentas cambiar las cosas, aunque sea para recuperar los conocimientos tradicionales, los cultivos ecológicos, el respeto por los espacios públicos frente a las privatizaciones. “A veces una se cansa de ir siempre a la contra”, reconoce. Pese a todo, Ana María está donde quiere estar: “Aquí tienes tiempo para todo. Te organizas tú tu tiempo para trabajar la huerta, pero también tienes tiempo para vivir, compartir con los amigos, mi hijo”.

Jeremías tiene 60 ovejas que saca a pastar todos los días. Al contrario que la corriente de opinión contra los lobos que está justificando su exterminio, Jeremías no tiene problemas con ellos porque, como se ha hecho tradicionalmente, varios perros mastines acompañan a su rebaño (Patricia Simón)

Jeremías tiene 60 ovejas que saca a pastar todos los días. Al contrario que la corriente de opinión contra los lobos que está justificando su exterminio, Jeremías no tiene problemas con ellos porque, como se ha hecho tradicionalmente, varios perros mastines acompañan a su rebaño (Patricia Simón)

En El Maderal no hay tienda de comestibles. Dos veces por semana, furgonetas ambulantes traen productos frescos. En la casa de Ana María tampoco las necesitan demasiado: producen verduras, frutas, huevos, hacen matanza para todo el año… Pero sobre todo es una firme defensora de la soberanía alimentaria y el consumo de los productos de temporada y locales. Otras de las dos claves defendidas por los expertos para reducir las emisiones de CO2.

En el Estado español se han multiplicado durante los últimos años los grupos de consumo de proximidad y/o ecológicos, especialmente en las medianas y grandes ciudades. Comedores escolares empiezan a introducir productos de su zona en la dieta como una forma no sólo de mejorar la alimentación de los menores, sino también de educarles en formas de vida más responsables y establecer vínculos personales con su entorno medioambiental y sus productores. En el colegio de El Maderal el ayuntamiento ha puesto en marcha una huerta ecológica “trabajada” por los 8 niños y niñas que estudian en él. “Es importante que los niños aprendan cosas vinculadas con su pueblo, para que pongan en valor nuestro trabajo  y para que no todo lo que aprendan sólo pueda ser aplicado si se van a las ciudades”, explica Ana María.

Paisaje

Paisaje de El Maderal (Patricia Simón)

Según el IPCC, las poblaciones no sólo tienen que luchar contra el cambio climático sino aprender a adaptarse a sus ya constatables consecuencias. Y para ello, entienden que los conocimientos tradicionales son una herramienta fundamental para adaptar los cultivos: “cambiar las fechas de cultivo, las variedades vegetales o razas animales por otras más rústicas adaptadas a la sequía o a las inundaciones…” expone Marta Rivera. La huerta de Ana María es buena prueba de ello. Rodeada de inmensas extensiones dedicadas al trigo, sus ajos son protegidos de las plagas por unas cuantas lechugas. Las patatas son alternadas por otros cultivos en los barbechos. La diversificación de los cultivos es una de las claves de la resiliencia climática. “Diversificar significa tener millares de variedades locales adaptadas y coevolucionando con los climas locales, en lugar de un puñado de variedades locales”, explica Eduardo Aguilera en su artículo en Soberanía Alimentaria. Y añade que la diversificación “mejora el funcionamiento de las redes ecológicas del agroecosistema (reduciendo la incidencia de plagas, mejorando el uso de nutrientes…), mejora la capacidad del sistema de almacenar carbono, ya que las rotaciones promueven la acumulación de carbono en el suelo, y los setos y elementos arbóreos lo acumulan en sus troncos y ramas”.

Ana María es presidenta de CERES Castilla León y responsable del área de la Mujer del sindicato Confederación de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), dos organizaciones muy significativas en la reivindicación de la titularidad compartida [pdf]de las explotaciones que se materializó en una ley en 2011. Según datos oficiales, un tercio de las personas que trabajan en las explotaciones agrarias familiares son mujeres, pero muy pocas siguen registrándose como titulares o dándose de alta en la Seguridad Social. “Ha sido un fracaso pero no por la ley sino porque no ha habido información ni ventajas para la explotación. Además las mujeres sólo se pueden incorporar a la titularidad si el marido da su consentimiento”. En Castilla León sólo 50 mujeres se han dado de alta.

Muchas mujeres que se habían dado de alta en la Seguridad Social como agricultoras antes de la crisis, han tenido que darse de baja por el empobrecimiento del sector primario y no poder hacer frente a los 240 euros mensuales establecidos para los autónomos del régimen agrario. Ana María y las organizaciones a las que pertenece -COAG y CERES- reivindican que las mujeres prioricen el darse de altas, lo que facilitara que se conciban así mismas como profesionales y no perpetúen el modelo por el que las mujeres “ayudan” cuando trabajan tanto o más que sus compañeros en la empresa familiar. Una discriminación que ella vivió en primera persona, por ejemplo, cuando fue a registrarse como ganadera de toros de lidia. La funcionaria que le atendió empezó a hacerle “preguntas que nunca le harían a un hombre y me hicieron un seguimiento para comprobar que trabajaba en la explotación”. Recientemente, cuando fue a avalar a su hija para la compra de una casa y dijo en la notaría que era labradora le recomendaron que pusiera autónoma en las escrituras. “No, no, pon labradora, que a mí no me da ninguna vergüenza”, le respondió ella.

Para errradicar estas discriminaciones de género en el medio rural y ahora que muchos consistorios empiezan una nueva andadura con renovadas agrupaciones políticas, recomendamos el conocimiento y la divulgación de la Carta por una soberanía alimentaria desde nuestros municipios, elaborada en el I Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria, convocado por la Red Estatal de Economía Social y Solidaria en noviembre de 2013. El documento, titulado Para que las rebeldías germinen transiciones, propone medidas generar espacios para la gobernanza alimentaria, la protección y gestión territorial, la dinamización del sector agroalimentario con criterios ecológicos y desde la economía social y solidaria, la comercialización de proximidad y la puesta en valor desde el punto de vista cultural de los/as trabajadores/as del sector primario, la importancia de la alimentación para la salud y  la igualdad de género.

Si tienen dudas de por qué siguen siendo necesarias estas iniciativas, vuelvan a ver el vídeo de Ana María o cualquiera de los que estamos publicando en Empresariasyemprendedorasmundorural.com