Pilar Quintana: mujer, artesana y empresaria contra viento y marea

Pilar Quintana: mujer, artesana y empresaria contra viento y marea
Texto y realización vídeo: Patricia Simón @patriciasimon
Edición vídeo: Manuel García Postigo

Pilar nació mujer, en una familia pobre y en un pueblo perdido en una comunidad autónoma remota, pequeña y olvidada. Pilar también nació artesana, con un deje dulce y tímido al hablar, pero también con la necesaria terquedad para defender sus conocimientos, pasiones y vocaciones ante los que no sabían apreciar el valor de sus creaciones o su altura de miras para ver negocios, arte y belleza donde otros todavía sólo veían pueblo y campo.

Pilar Quintana en su taller (P.S.)

Pilar Quintana en su taller (P.S.)

Eran los años 80 y el concepto de “turismo rural” apenas empezaba a sonar, pero sobre todo, la Historia de nuestro país, profundamente centralista y despreciativo con el mundo rural, no permitía a los habitantes de verdaderos paraísos naturales como Taramundi (Asturias), apreciar el patrimonio en el que vivían y mucho menos esperar que los urbanitas tuvieran el menor interés por dejar atrás sus ciudades y perderse en casas sencillas perdidas entre montes y vacas. Gracias a un viaje a la zona rural francesa organizado por el gobierno del Principado de Asturias, Pilar pudo constatar in situ que nuestros vecinos pagaban por vivir unos días en casas como la suya y la idea ya no se le iría nunca de la cabeza. Aunque algunos en su entorno no dejaran de acusarla de albergar demasiados pájaros en ella.

La contundencia de los maderos del telar, los fuertes golpes que marcan el avance de la tarea, los brazos y piernas de Pilar  efectuando una danza en torno a unos hilos… La sala diáfana albergando el mundo de Pilar: telares, máquinas de coser, cerámicas, pinturas, mermeladas… No quería más espacios pequeños asfixiantes, y por eso, cuando construyó este edificio de viviendas rurales se reservó una planta para su taller. Pilar hormiguita, Pilar mastodóntica.

pilar quintaba bcPilar, toda paz, armonía, serenidad, lleva en guerra contra muchos mundos desde siempre, desde que no se resignó a no destacar en nada no fuera a ser que le sentara mal a alguien. Y así, sin haber ido a la escuela, Pilar batalló con su entorno más cercano que la tildaban de “ingenua” ( “ingenuas”, “locas”, “brujas”, “fantasiosas”… lo mismo al fin y al cabo para los temerosos de las mujeres libres); pero también contra técnicos de turismo (“que venían con su cabeza así” refiriéndose a lo cuadriculado de la burocracia -ésta sí que es tonta en su inflexibilidad–), contra vecinos que la menospreciaban porque “¿quién iba a querer venir a nuestros pueblos que apestan a vaca?” o ¿comprar las artesanías que ella escogía?… Y contra sus propias inseguridades y miedos, a no estar suficientemente formada, a no poder pagar los créditos, a no estar a la altura de su propia imagen pública. Porque Pilar Quintana se ha ido convirtiendo en una personalidad a lo largo de los años, gracias a sus telares que han llegado a la Casa Blanca a través de ilustres viajeros que arribaron en su casa y se llevaron una de sus composiciones para el entonces presidente Bill Clinton; o a manos de los Príncipes de Asturias, ahora monarcas. Sus telas han desfilado en las pasarelas de Londres y Nueva York de la mano de diseñadores

Las manos de Pilar Quintana tejando (P.S.)

Las manos de Pilar Quintana tejando (P.S.)

españoles. El Instituto Asturiano de la Mujer la eligió como una de las mujeres más destacadas de la historia de la región y en el año  2000 fue reconocida con la Medalla de Plata de Asturias por el gobierno regional.

Pilar cada vez más visible, igual de humilde, cada vez más consciente de su talento, siempre equilibrista entre la visibilidad que le proporciona su talento, perseverancia y capacidad de trabajo y el necesario recato para no despertar suspicacias. Los vibrantes colores de sus tejidos y de sus mermeladas, la calidez de las casas rurales que ha ido construyendo, el cariño y respeto con el que trata a su clientela… Pilar desprende luz sin proponérselo, como el candil que ilumina los rincones de su taller sin necesidad de luminosos que dislumbren, dejando al descubierto tanta egofagia a nuestro alrededor.