Ser emprendedora del medio rural en la Universidad

Las mujeres que ahora rondamos la treintena crecimos asimilando por los medios de comunicación que en las series de televisión como Padre de Familia las personas de los pueblos éramos las chachas -lo de trabajadoras domésticas llegó después, aunque la precariedad y el ninguneo sigan siendo el mismo-; que los No madrileños podíamos aspirar a ser los becarios, como en Periodistas, y que había que irse a las ciudades, borrar la vergüenza de nuestros acentos y licenciarnos en alguna carrera universitaria para SER lo que merece la pena ser, lo admirable, lo valioso, lo enriquecedor para la sociedad.

Rondaba la década de los 90 y la vida en los pueblos aparecía retratado en los informativos como la nota de color, lo costumbrista, los restos de una época pasada que sobrevivía como si de las reservas indias en los Estados Unidos se tratase. Pese a ello, la mayoría de la ciudadanía del Estado español seguía viviendo en pueblos, yendo a las escuelas en los pueblos, trabajando en los pueblos, ganándose la vida en los pueblos. Los que vivíamos en zonas turísticas veíamos llegar a “los madrileños” en verano, reconociéndoles al instante –también nosotros cargados de prejuicios– por su agresiva conducción. Los comercios, los restaurantes, todo el pueblo se acicalaba para servirles con la mejor de sus caras mientras escuchábamos cómo envidiaban nuestros paisajes pero se preguntaban sin pudor a ser escuchados cómo podíamos vivir allí, sin cines, sin teatros, sin museos, sin todo eso que se supone que hace que la vida MEREZCA ser vivida, como si todo el mundo en las ciudades estuviera todo el día en el cine, en el teatro, en los museos. Una mezcla de condescendencia y paternalismo que, afortunadamente, se ha ido limando con los años. Como también se han ido sanando –con todos los matices que dotan a las descripciones de fiabilidad– los complejos de inferioridad e inseguridades que arrastrábamos parte de los habitantes de las zonas rurales, con más incidencia en aquellas zonas más castigadas por la pobreza y el ninguneo histórico y más matizado en las que las resistencia de los movimientos obreros y civiles fue más tenaz.

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Presentación de CoRSE en el Paraninfo de La Laboral de Gijón (Manuel García Postigo)

 

Gracias a este proyecto CoRSE, los estudiantes de la Facultad de Comercio, Turismo y Trabajo Social Jovellanos de la Universidad de Oviedo, han tenido la oportunidad de escuchar a tres mujeres del medio rural asturiano con trayectorias vitales muy diferentes. Pilar Quintana, nacida en Taramundi donde sigue residiendo y trabajando como empresaria del turismo rural y artesana del telar. Puso en marcha la primera casa rural de España, en los años ochenta, mientras sus propios vecinos la tachaban de loca por creer que algún urbanitas pudiera tener interés en visitar sus valles, ver vacas y “oler el cucho” (excrementos del ganado). Sus telares cuelgan de las paredes de la Casa Blanca, sus tejidos han desfilado de la mano de reputados diseñadores en las pasarelas de Londres y Nueva York y su trayectoria laboral fue reconocida con la Medalla de Plata del Principado de Asturias en el año 2000.

Eva Baranda, en cambio, ni nació ni creció en un pueblo. Licenciada en Trabajo Social en Gijón, de donde procede, fue la decisión de montar la empresa de jabones naturales Oleum junto a su pareja, el químico Luis Sánchez, la que le convenció de la “coherencia” de trasladarse al medio rural porque “no tiene sentido vivir apelotonados” en las ciudades. “Soy emprendedora porque soy activa y porque la fase del proceso de creación, ese momento en el que eres como una olla a presión, es el punto que más disfruto”.

El giro vital de Nieve Tamés fue más radical. Psicóloga venezolana hija de emigrantes asturianos retornados, pasó de vivir en una gran urbe a Porrúa, un pueblo de unos cuatrocientos habitantes en el Oriente asturiano. Al principio buscaba trabajo en Gijón y Oviedo porque “supuestamente en la ciudad es donde está el trabajo y el dinero. Llevé bastantes escarmientos porque venía de una diferente filosofía del trabajo, también la metodología de cómo relacionarse y yo no encajaba. Empecé a frustrarme porque yo, que siempre había valido para todo, de repente no valía para nada”. Fue entonces cuando decidió abrir su ludoteca Peketú en Llanes. “Fue lo mejor que he hecho porque aprendes muchísimo”.

Emprendedoras pese a todo

Cuando Pilar montó la primera casa de aldea de España, en 1989, no había legislación ni ayudas para el desarrollo rural. Pero sí que pudo contar, años después, con una subvención de la Unión Europea para poner en marcha un obrador de mermeladas. Le aportaba el 35% de la inversión inicial pero su negativa a cumplir unas exigencias desmesuradas para sus necesidades reales le llevó a perder la mitad de la ayuda. Eva coincide con Pilar en el desajuste entre el planteamiento de empresas artesanales e innovadoras y los baremos de la Administración Pública. “Yo las llamo ‘subvenciones trampa’ porque muchas veces te metes en cosas que no quieres ni necesitas porque crees que así vas a encajar mejor en la subvención y cuando te das cuenta no tienes la subvención pero sí cosas que no necesitabas”. Y añade: “Aquí o eres empresona o no existes. Creo que la gracia de los emprendedores es que somos pequeños, versátiles. Y tal como está la situación económica, ésa es nuestra riqueza. Hoy hago jabones, pero mañana puedo plantar lechugas. Ése es el tipo de personas que hay que apoyar”.

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De izda a dcha: Margarita Sánchez, Nieves Tamé, Eva Baranda, Pilar Quintana y Patricia Simón (Manuel García Postigo)

Nieves Tamés está convencida de que montar tu propio negocio merece la pena pese a que “cuando eres autónomo y todo depende de ti, el factor pérdida está siempre presente. Pero luego ves que algo que estaba en ruinas funciona. Eso es lo que te motiva a seguir adelante”.

Margarita Sánchez, directora de DIAL, vicepresidenta de la Federación de Mujeres Empresarias y Directivas de Asturias (FEDA) y responsable de la metodología del proyecto CoRSE destacó entre las barreras identificadas las infraestructuras: deficientes carreteras y transportes públicos, así como mala calidad de la conexión a Internet. En el sector ganadero es especial sangrante la especulación con los precios de la leche y la carne, así como con los derechos reales de explotación. Las mujeres entrevistadas reclaman igualmente vías de financiación además de canales de comercialización y/o alternativos. Como factor positivo, la evolución vivida entre las mujeres mayores que sufrieron el rechazo de sus familiares y entornos cuando decidieron poner en marcha sus negocios, y la normalización con la que el contexto actual entiende la decisión de las mujeres de independizarse económicamente.

_DSC0026 copiaBelén Fernández, presidenta de FEDA además de consejera delegada y directora general de Novatex, fue la encargada de clausurar el acto: “Cuando en las cuentas de resultados podamos contar los intangibles, las mujeres vamos a ganar por goleada porque las mujeres ponemos el corazón y la pasión”.

Una jornada que fue posible gracias a la implicación en la organización de la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Comercio, Trabajo Social y Turismo de la Universidad de Oviedo.