«Sin el sector primario, el mundo no vive»

Vídeo, texto y fotografías: Patricia Simón (@patriciasimon) Edición vídeo: Manuel García Postigo El exministro de Agricultura y Pesca, Miguel Arias Cañete, el exbanquero Mario Conde –condenado por estafa y apropiación indebida de más de 43 millones de euros–, el Duquesado de Alba con más de 34.000 hectáreas de tierras, empresarios taurinos, dueños de cotos de caza y balnearios… Éstos son los cazadores de primas, los receptores del 80% de las ayudas a la agricultura y la ganadería (PAC) de la Unión Europea al campo español,  frente a un 20% de agricultores y ganaderos «activos», es decir, que se ganan la vida vendiendo sus productos. Terratenientes, absentistas, especuladores… dueños de grandes fortunas que siguen lucrándose de unas  ayudas que se han reducido en un 18% con respecto a las de 2014, mientras se desploman los precios de los productos agrícolas y ganaderos y se encarecen los de la energía, los piensos, y el coste de la vida, en definitiva. Como en casi todas las explotaciones ganaderas, son los perros los encargados de darme la bienvenida. Custodian el hogar con celo hasta que “los humanos” identifican como bienvenida a la visita. Entonces, se tornan cariñosos y juguetones. Dos gatitos vigilan el depósito de la leche recién ordeñada por si cayera algo para ellos. En los prados colindantes, las vacas pastan junto a sus terneros. Un paisaje idílico que no muestra el esfuerzo y los apuros económicos que requiere mantener esta granja en pie. Su dueña, Milagros Roiz, es otra de las ganaderas asediadas por el desplome del precio de la leche.  “Hace 25 años hicimos una huelga, tuvimos un muerto, y nos...

«Soy ganadera por vocación, no por obligación»

El paisaje se hormigoniza. Puestos a elegir entre la naturaleza y y el arte, y no digamos la industria, me quedo con la naturaleza. Si me dejan. Es que los españoles tienen una gran fe en el ladrillo. El progreso como mal necesario, que decía Unamuno.  El club de los faltos de cariño, Manuel Leguineche Texto, vídeo y fotografías: Patricia Simón @patriciasimon (Riaño, Cantabria) Edición vídeo: Manuel García Postigo  Quienes dividen el trabajo entre intelectual y físico está claro que no han visto de cerca todo lo que tienen que hacer las manos que nos dan de comer. Es difícil seguirle el ritmo a Áurea Quintial: despertar a su pequeño, llevarle a la parada del bus escolar a unos cuantos cientos de metros del hogar, sacar las vacas al prado, limpiar la cuadra, hacer las gestiones burocráticas que ahogan -cada vez más- a los ganaderos, recoger los huevos, atender al camión cisterna que recoge la leche, ir a buscar al peque que ya viene de vuelta del cole, darle de merendar, llamar a las vacas al grito de «¡chicas!», lavarles las ubres, ordeñar las treinta vacas, dar de comer a los carneros….  «Soy ganadera por vocación. Lo digo siempre porque hay veces que se cree que es por obligación». Viendo a Áurea hablarle, acariciar a sus animales (vacas, pero también perros, gatos, loros, un caballo, un conejo…) es evidente que está exactamente donde quiere estar. «Cuando era pequeña se oía ‘el que no vale para estudiar, que se quede con las vacas’. Hoy día es al revés: o tienes la cabeza a cien, entiendes de todo, eres psicóloga, veterinaria y pitonisa si puedes también,...